lunes, 11 de noviembre de 2013

Reflexiones de un día rojo

Hace poco tuve un día de esos que Holly Golightly (Audrey Herpburn en Breakfast at Tiffany´s) llamaba "días rojos". En palabras de esta inolvidable criatura: "los días rojos son terribles, se tiene miedo y no se sabe por qué." 



Y tampoco sé por qué, pero aquel día venía repetidamente a mi cabeza esa cita atribuida a Buda, (como casi todas las citas que no se sabe de quién son): "El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional". Hasta entonces me había parecido una solemne estupidez, pero aquel día, y dada la insistencia con que la frasecita se asomaba a mi cabeza, decidí prestarle atención. 

Y me puse a intentar averiguar qué parte había de dolor y qué parte de sufrimiento en mi malestar. Es decir, me puse a analizar mi tristeza. Y llegué a la conclusión de que puede que, hasta cierto punto, la cita tenga razón. 

En el dolor humano, ya sea físico o emocional, hay casi siempre una serie de circunstancias externas que lo causan. Por ejemplo, cuando nos rompemos un brazo, nuestro cerebro recibe una serie de estímulos nerviosos que lo alertan de que algo anda mal en el cuerpo, y es lo que reconocemos como dolor. Esto, sin duda, es inevitable (por lo menos para occidentales poco entrenados como yo). Pero además, en nuestra mente, a causa de ese dolor, se desencadenan una serie de asociaciones, tanto con nuestro pasado como con el futuro, que generan ansiedad, y en consecuencia aumentan la sensación de dolor; esto es lo que podríamos llamar "sufrimiento", y en cierta medida sí, es evitable. Cuando alguien se rompe un brazo, probablemente empieza a recordar situaciones similares que le han acontecido con anterioridad, como otras caídas o golpes, y a revivir el dolor producido por las mismas, con lo que está anticipando que esta vez el dolor será igual o más. Al mismo tiempo, es posible que comience a pensar en las consecuencias que esa rotura tendrá en su futuro: "no podré escribir, ni conducir, se acabó el gimnasio, etc., etc." Estas anticipaciones negativas contribuyen a deprimir todavía más el estado de ánimo.

He utilizado un ejemplo de dolor físico pero se puede pensar también en un golpe emocional, y el análisis sigue siendo válido. 

Por lo tanto, la estrategia a seguir será admitir ese, digamos, cincuenta por cierto del dolor que es inevitable, y tratar de lidiar con él de la mejor forma posible (no excluyo analgésicos diversos y medicina tradicional); e intentar reducir e incluso eliminar el otro cincuenta por ciento, el que hemos llamado sufrimiento. ¿Cómo? La respuesta (como para otras muchas preguntas) es: viviendo aquí y ahora. Trata de diseccionar tu dolor, identifica las asociaciones con el pasado y trata de anularlas, porque el pasado ya no existe. Descubre las anticipaciones negativas y no les tengas miedo, porque el futuro aún no existe y nadie sabe cómo será. 

Y las técnicas concretas para conseguirlo: 
Y si todo esto te falla... siempre puedes irte a Tiffany´s a desayunar ;-)

No hay comentarios:

Publicar un comentario